La socialización del Boyero de Berna

Como descendiente del lobo, el perro conserva un atávico instinto gregario que lo lleva naturalmente a adaptarse a los grupos sociales, bien de sus semejantes, bien de los humanos. Esta integración depende de muchos factores, entre los cuales se destaca el papel de la madre. Si la relación del cachorro con su madre y sus hermanos es satisfactoria, contribuirá al buen desarrollo posterior del perro y al carácter afable que debe tener el Boyero de Berna adulto. El padre, que aporta el 50 % de la carga genética del cachorro, no es una figura relevante en su evolución social; la madre, por el contrario, es la responsable de los primeros pasos de sus hijos hacia una adaptación adecuada al medio social. Por ello es que resulta de gran importancia la selección de una madre con equilibrio emocional y a su vez bien integrada al grupo de pertenencia, el amo y su familia.

Tampoco hay que preocuparse demasiado si vemos que la madre comienza a prestar menos atención a su camada; esto debe suceder en determinado momento de la crianza, cuando su instinto le ordena permitir que los cachorros inicien la exploración del mundo que los rodea. Una buena madre no los abandona, los continua vigilando sin abrumarlos con cuidados exagerados, y alentando que a través del juego se intensifique la relación social entre los hermanos. El cachorro que no tiene esta vivencia por haber sido separado precozmente de su camada, es candidato a tener inconvenientes en el proceso de integración a los grupos sociales en que deberá convivir posteriormente. El buen criador debe resistirse a la presión, tan común por otra parte, del adquiriente del cachorro que desea llevárselo consigo cuanto antes, especialmente cuando hay chicos de por medio, ansiosos por tener ya su mascota en casa. Quién no ha vivido esta experiencia cundo se acerca la Navidad, Reyes o el Día del Niño…Al nuevo propietario hay que explicarle siempre con suma claridad la importancia de los dos primeros meses de convivencia del cachorro con la madre y sus hermanos para asegurarle que finalmente su Boyero será un compañero amable y cariñoso con sus hijos.

El juego entre los hermanos es de importancia capital, así como la vigilancia que del mismo hace la madre. Un ejemplo característico lo constituye la forma en que enseña a morder como parte del juego, y que deber ser observado por el criador. Esa mordida suave que caracteriza el juego entre los ejemplares de Boyeros adultos, y que a veces también nos prodigan con cuidado y afecto, ha sido aprendida en el juego de los cachorritos corregidos por la madre en esas semanas iniciales del desarrollo. El nuevo amo debe continuar con el adiestramiento de la conducta del cachorro, adoptando actitudes parecidas a las de la madre, corrigiendo los comportamientos equivocados y alentando los correctos a través del habitual sistema de premios y castigos.

Los etólogos reconocen fases progresivas en la maduración del cachorro, comenzando por una fase neonatal, que abarca las primeras dos semanas de vida, en la cual el cachorro esencialmente se dedica a dormir y alimentarse. No obstante esta pasividad, aconsejan manipular al cachorro a fin de activar la maduración neurológica y el instinto de exploración. Le sigue la fase de transición, que corresponde a la tercera semana de vida, en la cual el cachorro, abre los ojos, inicia la exploración y comienza a jugar con los hermanos. La siguiente etapa es la fase de socialización, de la cuarta a la duodécima semana, caracterizada por la intensificación de la exploración, la aparición en el juego de conductas adultas, como la monta y la caza, y la aceptación de individuos extraños, como otros animales y los humanos. Dentro de esta fase, aparece el denominado imprinting (impronta), de la quinta a la octava semana, periodo trascendental del desarrollo, ya que por el mismo el cachorro reconoce la pertenencia a su especie en primer lugar y consecuentemente la aceptación del ser humano a su mismo grupo. Finalmente, en la fase juvenil, que va de la decimotercera semana hasta la madurez sexual, la progresiva maduración motora y sensorial permite desarrollar conductas que moldearán el carácter definitivo de nuestro Boyero de Berna, en el cual se deben respetar siempre las propias de esa raza ejemplar, docilidad, afabilidad y equilibrio emocional.

Marita Subiza

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Boyero de Berna Club Argentino
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